JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Desconfiad, caballero —dijo Balsamo—, que muchas veces los que al parecer no se apoyan en nada tienen datos, y cuando escriba con sus detalles la historia del monopolio del trigo a mi corresponsal o a Federico, que es filósofo, como sabéis; cuando Federico escriba la cosa comentada por él a M. Arouet de Voltaire, cuando este haga con su pluma, cuya fama conoceréis a lo menos, un cuento satÃrico del género del hombre de cuarenta escudos; cuando M. de Alembert, ese admirable geómetra, haya calculado que con los granos de trigo arrebatados por vos al alimento público se hubiera podido sostener a cien millones de hombres por espacio de tres o cuatro años; cuando Helvecio haya demostrado que el precio de esos granos, convertidos en escudos de seis libras y colocados en pila podrÃa subir hasta la luna, y en billetes de Banco puestos unos al lado de otros podrÃa extenderse hasta San Petersburgo; cuando este cálculo haya inspirado una obra dramática a monsieur de la Harpe; una conversación entre un padre de familia y sus dos hijos a Diderot; cuando esto se comente en el café de la Regencia, en Palais-Royal, en casa de Audinot y la de los bailarines del Rey, sostenidos como sabéis por M. de Nicolet, ¡oh!, entonces, señor conde de Alby, llegarÃais a ser un teniente de policÃa más desahuciado de la opinión que jamás lo fue en el patÃbulo ese pobre Enguerrando de Marigny, de quien no queréis oÃr hablar, pues decÃa que era inocente, y con tan buena fe, que bajo palabra de honor os digo que le di crédito cuando me lo afirmó.