JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Yo! —exclamó el magistrado empuñando el cofre, con tanta fuerza que faltó poco para que lo rompiese.
—SÃ, vos.
—Podéis mofaros, caballero; pero en cuanto a recobrar esta caja, os digo que para ello precisáis quitarme antes la vida. ¿Qué digo la vida? ¿No la he arriesgado mil veces? ¿No debo derramar hasta la última gota de sangre por servir a Su Majestad? Podéis matarme; pero al ruido acudirÃa quien me vengase, y no faltarÃa quien os acusase de todos vuestros crÃmenes. ¡Ah! ¿Devolveros este cofre? —agregó con amarga sonrisa—; aunque todos los demonios del infierno vinieran a reclamarlo, no lo entregaba.
—Por esa razón no me valdré de la intervención de ningún poder subterráneo; me basta la mediación de la persona que en este momento llama a la puerta.
En efecto, acababan de resonar tres sonoros golpes.
—Y cuya carroza —prosiguió Balsamo—, acaba de entrar en el patio; ¿no oÃs?
—¿Es algún amigo vuestro que viene a visitarme?
—Precisamente.
—¿Y le devolveré este cofre?
—SÃ, se lo devolveréis, señor de Sartine.