JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Y yo, maldito si entiendo nada —dijo la du Barry en voz baja a Balsamo—; vamos, ¿qué hay, querido conde? Habéis exigido que os cumpla la promesa que os hice de otorgaros lo primero que me pidieseis. Yo cumplo mis palabras como un español, y aquà me tenéis. Decidme, ¿qué debo hacer por vos?
—Señora —contestó Balsamo en voz alta—, hace pocos dÃas me entregasteis en confianza esa cajita.
—Es cierto —dijo la du Barry, respondiendo con una mirada a otra que le dirigió el conde.
—¡Es cierto! —exclamó M. de Sartine—: ¿Sabéis lo que decÃs, señora?
—Creo que la señora condesa ha pronunciado estas palabras bien alto y claro para que las hayáis oÃdo.
—¿Un cofre que contiene diez conspiraciones quizás?
—¡Ah! Señor de Sartine, no repitáis esa palabra, porque ya sabéis que no producÃs efecto con ella. La señora os pide su caja; devolvédsela, y todo se ha terminado.
—¿InsistÃs en pedÃrmela, señora? —dijo M. de Sartine temblando de rabia.
—SÃ, insisto.
—Pero sabed…
Balsamo miró a la condesa.