JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Oh!, estoy asustado; entró aquí ligera como un torbellino subió la escalera sin tomar aliento, y al entrar en la habitación cayó de repente sobre la piel del león negro. Allí la encontraréis.
Balsamo subió precipitadamente, y en efecto encontró a Lorenza luchando sin tener fuerzas, contra las primeras convulsiones de una crisis nerviosa. Hacía muchísimo tiempo que pesaba sobre ella el fluido, obligándola a cometer actos de violencia, y manifestaba sus sufrimientos por medio de gemidos, como si sintiera sobre el pecho el peso de una montaña, pero que pretendía quitarse de encima con las manos.
Balsamo la miró un instante chispeándole los ojos de rabia, y cogiéndola en brazos la condujo a su aposento, cuya puerta misteriosa se cerró tras sí.