JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Al momento, notando la inquietud de su fiel criado, le preguntó:
—¿Para qué me llamabas?
—Por ellos, mi amo.
—¿Dices que por ellos?
—SÃ.
—¿Y quiénes son ellos?
—Mi amo —murmuró Fritz aproximando la boca al oÃdo de Balsamo—, los maestres. Balsamo se puso a temblar.
—¿Todos? —preguntó.
—SÃ, los cinco.
—¿Y están ah�
—Ahà están.
—¿Están solos?
—No, que cada uno de ellos viene acompañado de un criado armado que aguarda en el patio.
—¿Y han venido juntos?
—SÃ, mi amo, y viendo yo que estaban impacientes he llamado fuerte muchas veces.
Balsamo, sin esconder siquiera bajo un pliegue de su pechera de encaje la mancha de sangre, ni tratar de arreglar la descompostura de su peinado, se dirigió al salón donde aguardaban los visitantes.
Fritz detuvo a su amo, y le dijo:
—¿Tenéis algo que ordenarme, mi amo?
—Nada, Fritz.