JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Vais… —continuó Fritz balbuceando.
—¿Qué dices? —preguntó Balsamo dulcemente.
—¿Qué si vais a ir sin armas?
—Pues es claro.
—¿No lleváis siquiera la espada?
—¿Para qué, Fritz?
—Lo ignoro —dijo el fiel criado bajando la vista—, pero pensaba… me figuraba… creÃa… temo…
—Está bien, vete, Fritz.
Este dio algunos pasos como para obedecer, pero volvió.
—¿No has oÃdo? —interrogó Balsamo.
—Deseaba deciros, mi amo, que las pistolas de dos tiros están en el cofre de ébano, encima del velador dorado.
—Bien, ya te he dicho que te vayas —contestó Balsamo—. Y entró en el salón.