JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Se asomó a la ventana… nada vio… todo estaba en la oscuridad… acordándose entonces de su ama, bajó de puntillas la escalera y se aproximó a la puerta del aposenté de aquella.
Escuchó unos momentos.
Nada oyó; el silencio era absoluto.
—Bien —murmuró—, se ha acostado sola y duerme.
Hasta mañana. ¡Ay!, o he de poder muy poco, o descubriré si ella le ama.