JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Pues ya te la he dicho, ¡voto al diablo!, siempre te estoy diciendo al oÃdo la verdad, sólo que tú no quieres creerla.
—¿Cómo quieres que crea que un duque, un par, un mariscal de Francia, y todo un gentilhombre de cámara no ve al rey, puesto que va todas las mañanas a palacio al tiempo de levantarse Su Majestad?
—Lo he dicho y lo vuelvo a decir, y no porque no sea creÃble deja de ser menos cierto. Yo, duque y par, yo, mariscal de Francia, yo, gentilhombre de cámara, voy todos los dÃas a palacio cuando se levanta el rey…
—¿Y no te habla —interrumpió Taverney—, ni hablas tú con él? ¡Mira que yo no me paso semejantes bolas!
—Mira, barón, veo que te vuelves un poco impertinente, y me desmientes como sà tuviéramos cuarenta años menos, y nuestra antigua viveza estuviese en su punto.
—¡Pues si es cosa de volverse loco, duque!
—¡Ah!, eso es otra cosa, querido, desespérate todo lo que se te antoje, que también me vuelvo loco yo.
—¿Tú?