JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —No. Felipe, sino que estaba mala. Mira, dices bien, mi indisposición se remonta al dÃa en que dejaste de recibir noticias mÃas; desde ese dÃa empezaron a molestarme las cosas que más querÃa, sentÃa hastÃo.
—A pesar de todo, estoy muy satisfecho por lo que dijiste hace poco.
—¿Qué dije?
—Que eres muy feliz; tanto mejor, pues si a ti te quieren y piensan en ti, no me sucede a mà lo mismo.
—¿A ti?
—SÃ, a mÃ, porque todos me olvidan, incluso mi hermana.
—¡Oh! Felipe.
—¿Creerás, querida Andrea, que desde que marché, a pesar de que se dijeron que corrÃa tanta prisa, no he recibido noticia alguna de ese regimiento de que iba a tomar posesión, y que el rey me habÃa ofrecido por mediación de M. de Richelieu y aun de papá?
—¡Oh!, no me admiro de eso —dijo Andrea.
—¿Cómo que no te admiras?