JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —No. Si tú supieras, Felipe… M. de Richelieu y papá están completamente trastornados, y parecen dos cuerpos sin alma. Ciertamente que no entiendo el modo de vivir de esta gente. Por la mañana va papá en busca de su antiguo amigo, que es como le denomina, le persigue en Versalles, hasta en la cámara del rey, y después vuelve a aguardarle aquÃ, donde emplea el tiempo en hacerme preguntas que no entiendo. Transcurre el dÃa y no consigue las noticias que desea, y entonces se enfurece papá, diciendo que el duque le hace andar de acá para allá, que le vende. Y yo pregunto: ¿en qué le vende el duque? La verdad es que no sé una palabra, y te confieso que tengo poco empeño en saberlo. Por lo demás, el barón vive como un condenado en el purgatorio, siempre aguardando una cosa que no le traen, o a alguna persona que nunca llega.
—Pero ¿y el rey, Andrea, y el rey?
—¿Cómo el rey?
—SÃ, el rey, que tan propicio se mostraba en nuestro favor.
Andrea miró en torno suyo con timidez.
—¿Qué es eso?