JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Muy bien, os dejo, caballero —dijo Felipe con aire sombrÃo.
Y dirigiéndose a su hermana, agregó:
—Andrea, sé franca y verÃdica con el doctor.
Encogióse de hombros Andrea, como si ni siquiera pudiese entender lo que le querÃan decir.
Felipe continuó:
—Entretanto te pregunta acerca de tu salud, voy a dar una vuelta por el jardÃn, y como aun no ha llegado la hora para que he pedido me traigan mi caballo, podré verte antes de marcharme, y hablar todavÃa otro instante contigo.
Y estrechó la mano de Andrea procurando sonreÃrse. La joven advirtió en aquel apretón y aquella sonrisa cierta violencia y contracción.
El doctor acompañó gravemente a Felipe hasta la puerta de entrada, que entornó. Después volvió a sentarse en el mismo sofá en que se hallaba sentada Andrea.