JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Está bien —dijo Felipe después de meditar largo tiempo—, Andrea, te doy las gracias. Ahora veo claramente hasta el fondo de tu corazón. SÃ; eres pura e inocente; pero hay bebidas mágicas, filtros ponzoñosos, y alguien te ha tendido un lazo infame; lo que nadie hubiera podido arrebatarte sino con la vida, te lo han robado estando dormida. Has caÃdo en un lazo, Andrea; pero ahora ya estamos unidos, y por lo tanto somos fuertes. ¿Me confÃas el mirar por tu honra y vengarte?
—¡Oh!, sÃ, sà —dijo Andrea en un sombrÃo arrebato—; sÃ, porque si necesito venganza será de un crimen.
—Pues bien —continuó Felipe—. Vamos, ayúdame, sosténme. Averigüemos, recordemos dÃa por dÃa los ya transcurridos; sigamos el hilo de los recuerdos, hasta dar con el primer nudo de esta oscura trama.
—¡Oh!, bien —dijo Andrea—, indaguemos.
—¿Has advertido que alguien te siguiera o acechara?
—No.
—¿Te ha escrito alguien?
—Nadie.
—¿No te ha declarado ningún hombre que te ama?
—Ni uno siquiera.
—Las mujeres tienen para esto un instinto maravilloso: a falta de cartas, a falta de declaración, ¿has advertido alguna vez que alguien te… desease?