JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Nunca he notado nada por ese estilo.
—Hermana mÃa, recuerda las circunstancias de tu vida, los detalles más Ãntimos.
—GuÃame tú.
—¿Has dado algún paseo sola?
—Jamás, que yo me acuerde, a no ser para ir a Casa de la señorita delfina.
—¿Y cuando penetrabas en el jardÃn o en el bosque?
—Siempre iba acompañada de Nicolasa.
—A propósito, ¿fue Nicolasa la que te dejó?
—SÃ.
—¿Recuerdas la fecha?
—Creo que el dÃa que tú te marchaste.
—Las costumbres de esa muchacha dan que sospechar. ¿Has averiguado los pormenores de su fuga?
—No, lo único que sé es que se marcho con un joven a quien amaba.
—¿Cuáles fueron tus últimas relaciones con Nicolasa?
—¡Oh! ¡Dios mÃo!, a eso de las nueve entró en mi cuarto como lo tenÃa de costumbre, me desnudó, preparó mi vaso de agua y salió.
—¿Advertiste si echó algún licor en el agua?
—No; y esta circunstancia carecerÃa de todo valor, pues recuerdo que cuando me iba a llevar el vaso de agua a la boca, sentà una sensación extraña.