JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Y también en otra ocasión, el dÃa, o más bien la noche de los fuegos artificiales, arrastrada por el tropel, estaba a punto de ser aplastada, y reunÃa todas mis fuerzas para luchar: de repente se me aflojaron los brazos y pasó una nube por mi vista, pero en medio de esa nube tuve tiempo para ver a ese hombre.
—¿Al conde de Balsamo?
—SÃ.
—¿Y te dormiste?
—Me dormà o me desmayé, no se cual de estas dos cosas sucedió. Por lo demás, ya sabes que me sacó en brazos, y condujo a casa de papá.
—SÃ, sÃ; ¿y esa noche, la noche que se marchó Nicolasa, le viste de nuevo?
—No; pero experimenté los sÃntomas que anunciaban su presencia: la misma sensación, el mismo vahÃdo nervioso, el mismo encogimiento de miembros y el mismo sueño.
—¿El mismo sueño?
—SÃ, un sueño con mareos, cuya influencia conocÃa mientras que luchaba contra él, hasta que sucumbÃ.
—¡Gran Dios! —exclamó Felipe—: Sigue, sigue.
—Quedé dormida.
—¿Dónde?