JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Algún desafÃo —murmuró el doctor—; un desafÃo no devolverá la honra a vuestra hermana, en caso de que matéis al delincuente, y que la llevará a la desesperación si él os mata a vos. ¡Ah!, caballero, supuse que tenÃais una imaginación recta, pensaba que tenÃais un corazón interesante, y se me figuraba haberos oÃdo manifestar deseos de que se guardase secreto sobre esta desgracia.
Felipe apoyó su mano en el brazo del doctor, y le dijo:
—Caballero, os equivocáis de un modo extraño acerca de mÃ; pienso con bastante rectitud, y mis raciocinios nacen de una convicción profunda, y una conciencia inmaculada; no pretendo hacerme justicia a mà mismo, sino castigar; no quiero exponer a mi hermana a quedar abandonada o a que muera si me matan a mÃ, sino vengarla matando a un criminal.
—¿Y le mataréis siendo como sois un caballero? ¡Cometeréis un asesinato!
—Ah, si le hubiera visto poco antes de haber cometido el crimen penetrar como un ladrón en un aposento donde no tenÃa derecho para poner el pie, por su baja condición, y le hubiese matado entonces, todos hubieran dicho que habÃa hecho bien, ¿por qué, pues, le he de perdonar ahora? ¿Se ha de respetar al delincuente?
—¿Es decir que vuestro corazón está decidido a llevar a cabo ese fatal proyecto?