JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Con seguridad, siendo conocida la persona a quien se busca.
—La que yo quiero buscar es muy conocida.
—¿Cuál es su nombre?
—El conde de Balsamo.
Se estremeció Rousseau, porque no se le habÃa olvidado la sesión que celebraron en la calle de Plastrière.
—¿Para qué queréis a ese hombre? —preguntó.
—Es cosa muy sencilla. No ignoráis que os acusaba a vos, que habéis sido mi maestro, de ser también moralmente causa de mi crimen, una vez que creÃa no haber hecho sino obedecer a la ley natural.
—¿Y os he desengañado? —exclamó Rousseau temblando al reflexionar acerca de aquella responsabilidad.
—Me habéis ilustrado al menos.
—Y bien, ¿qué es lo que queréis decir?
—Que mi falta, no sólo ha tenido una causa moral, sino una fÃsica.
—Y el conde de Balsamo es la causa fÃsica, ¿no es verdad?