JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —SÃ. He copiado ejemplos, he aprovechado una ocasión, y ahora entiendo que en esto he obrado como un animal salvaje, y no como hombre. Vos sois el ejemplo, y la ocasión el conde de Balsamo. ¿Sabéis dónde reside?
—SÃ.
—Pues siendo asÃ, dadme las señas.
—Calle de San Claudio, en el Marais.
—Gracias, voy a visitarle ahora mismo.
—Mirad, hijo mÃo —advirtió Rousseau deteniéndole—, que es un hombre tan poderoso como profundo.
—No tengáis cuidado, señor Rousseau, estoy resuelto, y vos me habéis enseñado a dominarme.
—Pronto, pronto, marchaos arriba —exclamó Rousseau—, pues oigo cerrar la puerta del pasadizo, y sin duda será la señora que vuelve de la compra: ocultaos en la buhardilla hasta que esté aquÃ, y al instante saldréis.
—¿Me hacéis el favor de darme la llave?
—En la cocina está colgada en un clavo, como de ordinario.
—Adiós, señor, adiós.
—Tomad pan, y ya os daré trabajo para esta noche.
—¡Gracias!