JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿A mà qué me importa que Gilberto te quiera o te deje de querer? En verdad que ya me tienes mareada.
La cólera de Nicolasa contenida tanto tiempo, comenzó a exteriorizarse.
—Quizás habréis dicho estas mismas palabras a Gilberto.
—¿Hablo yo nunca a tu Gilberto? Vamos, déjame en paz; estás loca.
—Sin embargo, señorita, aun cuando decÃs que no le habláis, no debe, según me figuro, hacer mucho tiempo.
Andrea dio algunos pasos hacia Nicolasa, cubriéndola con una mirada altiva y desdeñosa.
—Hace una hora que andas con rodeos, y al fin sales con una impertinencia. Quiero que esto concluya de una vez.
—Pero… —interrumpió Nicolasa muy alterada.
—Dices que he hablado con Gilberto.
—SÃ, señorita, lo digo.
Acudió entonces a la imaginación de Andrea un pensamiento que hasta entonces habÃa creÃdo imposible.
—Esta infeliz está celosa; Dios me perdone —exclamó riéndose a carcajadas—. Vamos, pobrecilla, descuida; jamás miro a tu Gilberto, y no podrÃa decirte ni siquiera de qué color son sus ojos.