JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Os pido el medio de repararlo todo, señor conde, lo mismo la falta que la desgracia.
—¿Amáis a esa joven?
—¡Oh, muchÃsimo!
—Hay varias clases de amor: ¿de que clase, pues, es el vuestro?
—Antes de poseerla la amaba con delirio, pero ahora la amo con remordimiento, con furor. Me morirÃa de pena si me recibiese furiosa, y de contento si me permitiera besarle los pies.
—Es noble, pero pobre —exclamó Balsamo reflexionando.
—SÃ.
—Sin embargo, su hermano es un hombre poco encaprichado con el vano privilegio de la nobleza. ¿Qué ocurrirÃa si le pidieseis a su hermana en casamiento?
—Me matarÃa —contestó Gilberto frÃamente—; sin embargo, como más bien ansÃo la muerte que la temo, si me aconsejáis que dé ese paso lo daré.
Balsamo empezó a reflexionar.
—Sois hombre de espÃritu —dijo—, y hasta puede decirse que de corazón, aunque vuestros actos sean, criminales, dejando aparte mi complicidad. Pues bien, id al encuentro, no de Felipe de Taverney, sino de su padre el barón, y decidle que el dÃa que os consienta casaros con su hija, llevaréis una dote a la señorita Andrea.