JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Señor conde, yo no puedo decir tal cosa, porque nada tengo.
—Pues yo os digo que le llevaréis en dote cien mil escudos que os entregaré para reparar la desgracia y el crimen, como dijisteis hace poco.
—No me creerá, porque sabe que soy pobre.
—Pues bien, si no os cree le mostraréis estos billetes de Banco, y al verlos no dudará.
Al decir estas palabras, Balsamo abrió la gaveta de una mesa y contó treinta billetes de a diez mil libras cada uno, dándoselos a Gilberto.
—¿Y esto es dinero?
—Leed.
—¿Será posible…? —exclamó—. Pero no, semejante generosidad serÃa excesivamente sublime.
—Sois desconfiado —dijo Balsamo—, hacéis bien; pero acostumbraos a saber de quién debéis desconfiar. Tomad esos cien mil escudos y marchad a casa de M. de Taverney.
—Caballero —dijo Gilberto—, mientras que semejante cantidad se me dé sencillamente de palabra, no podré creer en la realidad de este regalo.
Balsamo tomó la pluma y escribió:
Doy en dote a Gilberto el dÃa en que firme su contrato matrimonial con la señorita Andrea de Taverney, la suma de cien mil escudos que le he entregado adelantados en la creencia de una negociación venturosa.