JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

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Aquella pequeña población llamábase Villers-Cotterêts, y así que llegó a ella se encaminó en derechura a casa del único fiel de fechos[45] que había allí y que se llamaba M. Niquet.

Se presentó Gilberto al referido escribano, diciendo era hijo del administrador de un grande, y que este grande deseaba hacer bien al hijo de una aldeana, por lo cual había encargado a Gilberto buscase una ama que criase al mencionado niño.

Según todos los antecedentes, la munificencia del grande no debía reducirse a pagar un salario al ama, sino que además pondría en manos de M. Niquet una cantidad para el niño.

El escribano cartulario, que tenía tres guapos chicos, le indicó en una aldehuela llamada Haramont y que distaba una legua de Villers-Cotterêts la hija de la nodriza de sus hijos, quien luego de haberse casado legítimamente en su estudio, se dedicaba al mismo oficio que su señora madre.

Aquella buena mujer se llamaba Magdalena Pitou, tenía un hijo de cuatro años el cual tenía todos los síntomas de una buena salud, y además acababa de volver a parir, de manera que podía estar a disposición de Gilberto el día en que dispusiese llevar o enviar su cría.


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