JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico «—No, pero pienso que haya detención en el camino».
»Al escuchar estas palabras, quedé turbado por un oculto presentimiento.
»—¿En el camino? —repetÃ.
»—Sà —repuso la princesa.
»Permanecà silencioso.
»—¿No adivináis en qué sitio? —me preguntó sonriendo.
»—No, señora.
»—En Taverney.
»—¡Dios mÃo!, ¿para qué?», —exclamé.
»—Para conocer a vuestro padre y a vuestra hermana.
»—¡A mi padre…!, ¡a mi hermana…! ¡Cómo! ¿Vuestra Alteza Real sabe…?
»—Me he informado, y sé que habitan a unos doscientos pasos de nuestro camino; por tanto, ordenaréis que se detengan en Taverney.
»Mi frente se inundó de un sudor frÃo, y me apresuré a decir a Su Alteza Real con un temblor cuya causa ya adivinaréis:
»—Señora, la casa de mi padre es indigna de recibir a tan alta princesa como vos.
»—¿Y por qué?», —interrogó.
«—Señora…, somos pobres…».