JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico «—Con más razón. Al recibirme lo haréis con mayor majestad y sencillez. Además, que por muy pobre que sea Taverney, no faltará una taza de leche para una amiga que desea olvidar un instante que es archiduquesa de Austria, y princesa heredera de Francia».
«—¡Ah, señora!», —contesté inclinándome. Pero quedé cortado sin poder pronunciar otra palabra.
—Sin embargo, creà que aquella idea se le disiparÃa durante la noche; pero me equivoqué. En la parada que hicimos en Pont-à -Mousson, Su Alteza se informó de si estábamos ya próximos a Taverney, y me vi precisado a responderle que sólo distábamos tres leguas.
—¡Torpe! —exclamó el barón.
—Pero la princesa, que según creo, advirtió mi embarazo: «No temáis nada —me dijo—; mi detención será corta; y pues me amenazáis con un recibimiento algo molesto, quedaremos pagados, puesto que yo también os molesté a mi llegada a Strasburgo». ¿Cómo queréis, padre mÃo, que pudiera oponerme a tan cariñosas palabras?
—¡Oh!, serÃa imposible —interrumpió Andrea—, y Su Alteza Real, según parece bondadosa, se conformará, como ha dicho, con mis flores y una taza de leche.