JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Señora —dijo—, si Vuestra Alteza Real lo consiente tendré el honor de presentaros al barón de Taverney Casa-Roja, mi padre, y a la señorita Clara Andrea de Taverney, mi hermana.
Inclinóse cortésmente el barón, como un hombre que está acostumbrado a saludar a las reinas, y Andrea desplegó toda la gracia de una elegante timidez, y la halagüeña polÃtica de un sincero respeto.
Contempló MarÃa Antonieta a los dos jóvenes, y recordando cuanto Felipe le habÃa dicho sobre la pobreza de su padre, conoció cuan grande debÃa ser su padecimiento.
—Señora —dijo el barón con voz grave—, Vuestra Alteza Real honra excesivamente el castillo de Taverney. Tan humilde morada no es digna de recibir tanta nobleza y hermosura.
—Sé que me encuentro en la casa de un antiguo soldado de Francia —contestó la princesa—; y mi madre la emperatriz MarÃa Teresa, que ha hecho largo tiempo la guerra, me ha contado que en este paÃs los más ricos en gloria, son casi siempre los más pobres de recursos.
Y tendió con inefable gracia su linda mano a Andrea, quien la besó arrodillada.