JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Canario! —dijo el cardenal poniéndose serio y abandonando su plato—; creà que os bromeabais.
—No, EminentÃsimo Señor.
—¿Conque tenéis en vuestra casa un hechicero?
—Un verdadero hechicero… y no me serÃa difÃcil creer que el oro de que está construida esa vajilla es hechura suya.
—¡Cómo! ¡Conoce la piedra filosofal! —gritó el cardenal centelleándole los ojos de codicia.
—¡Hola! —dijo la princesa—, sea enhorabuena, señor cardenal: feliz hallazgo para vos, que habéis empleado toda vuestra vida en buscarla sin poder dar con ella…
—Confieso a Vuestra Alteza —contestó Su Eminencia mundana—, que nada es para mà tan maravilloso como lo sobrenatural, y nada tan curioso como lo imposible.
—Me parece que he tocado vuestro punto vulnerable —repuso MarÃa Antonieta—. No hay hombre grande sin misterio, y mucho menos si es diplomático. Debo preveniros, sin embargo, que también entiendo de sortilegios y a veces descubro cosas; que aun cuando no sean imposibles ni sobrenaturales, nadie las cree.