JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Dime… ¿te vas volviendo tonto, o es que ya no hablo yo francés? —gritó la joven que empezaba a perder casi del todo la paciencia.
—Os comprendo muy bien, señorita; me ofrecéis vuestra mano, ¿no es as�
—SÃ, señor Gilberto.
—En verdad —añadió este con presteza—, quedo muy agradecido al verte con tales propósitos, tanto más ahora que has llegado a ser rica.
—¿En verdad?
—Seguramente.
—Pues entonces —dijo con ternura la joven—, dame esa mano.
—¿Yo?
—Aceptas, ¿no es as�
—Al revés, la rehúso.
—¡Gilberto! —dijo aquella estremeciéndose— tienes mal corazón, o al menos malas ideas. Dios te castigará por lo que has hecho. Si te quisiera todavÃa, si lo que te he propuesto no lo hubiera únicamente hecho por punto de honor y honradez, me hubieras destrozado el alma. Pero, gracias a Dios, sólo he tratado de que jamás dijeran que Nicolasa despreciaba a Gilberto porque se habÃa hecho rica, y que le hacÃa sufrir por una venganza. Todo ha terminado entre nosotros.
Sólo hizo Gilberto un gesto indiferente.
Nicolasa continuó: