JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Pero después de reflexionar un instante, prosiguió:
—Pero me han desamparado con libertad al menos; sÃ, con libertad para poder buscarme la vida como mejor me parezca. Pues, bien, Mahón, haré por ti exactamente lo mismo que han hecho por mÃ.
Y desatando la cadena:
—¡Ya estás libre! Puedes buscar tu vida como se te antoje.
El perro corrió hacia la casa, cuyas puertas halló cerradas, y dirigiéndose entonces a las ruinas, desapareció por entre los matorrales.
—Veamos ahora quién tiene más instinto, si el perro o el hombre.
Nuestro joven salió por la puerta falsa, cerrándola con dos vueltas, y tiró la llave al estanque por encima de la pared, con esa destreza que los aldeanos tienen para arrojar piedras.
Sin embargo, como la Naturaleza, aunque monótona en la reproducción de los sentimientos, es varia al manifestarlos, Gilberto experimentó al separarse de Taverney, una impresión algún tanto parecida a la de Andrea, con la diferencia que, por parte de esta, era el sentimiento que le ocasionara el recuerdo del tiempo pasado; y por la de Gilberto, la esperanza de un porvenir más halagüeño.