JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Adiós! —exclamó, volviéndose para contemplar por última vez aquel castillo cuyo techo divisaba al través del espeso ramaje de sicómoros, y entre las flores de los castaños—. ¡Adiós, mansión dónde tanto he padecido, despreciado por todos; dónde me han arrojado el pan, diciendo que lo robaba! ¡Adiós! ¡Maldita seas…! Mi corazón gime de gozo, y se siente libre desde que abandono para siempre el recinto que forman tus paredes. ¡Adiós, cárcel!, ¡adiós, infierno!, ¡cueva de tiranos, adiós, adiós para siempre…!