JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Veíase fácilmente desde la cumbre de la cuesta que la silla de posta tocaba en aquel momento, el lugar de La Chaussée, donde debían hacer parada.
Hallábase formada esta población por un corto número de casas, distribuidas graciosamente según el capricho de sus habitantes, unas a un lado del camino, otras a la sombra de un bosquecillo, cerca de una fuente, y la mayoría, siguiendo la corriente del arroyo que hemos mencionado, sobre el cual y en la puerta de cada casa habían colocado ligeras tablas a manera de puente.
Pero lo que más llamaba la atención en aquel momento, era un hombre que estaba a un lado del arroyo y en medio del camino como cumpliendo con alguna consigna, ya dirigiendo ansiosas miradas hacia la carretera, ya contemplando un hermoso caballo que sujeto al postigo de una choza, hacía bambolear con repetidos golpes sus tableros con una impaciencia que pudiera disculparse al verle ensillado, indicando de este modo que esperaba a su dueño.