JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Repentinamente detúvose la aguja sobre la que el prÃncipe tenÃa entonces fija su vista. Al mismo tiempo, y como por encanto, todas las ruedas de bronce suspendieron su equilibrada rotación, los ejes de acero descansaban en sus agujeros de rubÃes, y un silencio absoluto sucedió al ruido y movimiento acompasado que poco antes reinara en aquella máquina, que quedó parada y muerta habiendo cesado sus sacudimientos, repercusiones metálicas, y el movimiento veloz de sus agujas, péndola y muelles.
¿Quizá algún grano de arena tan sutil como un átomo, que habiéndose introducido entre los dientes de alguna rueda, habÃa ocasionado aquella repentina paralización, o serÃa tal vez que el genio de aquel maravilloso mecanismo, descansaba fatigado de su eterna agitación?