JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Con un pequeño raspador de concha que sacó de su bolsillo, dio movimiento a una rueda, con cuyo impulso rechinaron todas durante el espacio de un segundo, volviendo enseguida a quedar en silencio. Desarmó entonces varias piezas colocando cuidadosamente los tornillos sobre una repisa, y siguiendo adelante en su operación, exhaló un grito de alegría al descubrir que un tornillo de presión, al jugar en su espiral, había aflojado un resorte, y detenido la rueda motriz.
Dio vuelta entonces a aquel tornillo, y con una rueda en una mano y el raspador en la otra, introdujo nuevamente su cabeza en la caja.
En aquel momento, y cuando más absorto estaba en la contemplación de la máquina, la puerta se abrió de repente, y una voz anunció:
—¡El rey!
Luis, sin embargo, nada oyó, sino el tic-tac melodioso, producido por él, como los latidos de un corazón que un hábil facultativo torna a la vida.
El rey miró a su alrededor con curiosidad, no pudiendo durante algún tiempo hallar al príncipe, del cual sólo podían verse las piernas, teniendo oculto todo su cuerpo con el reloj, y la cabeza dentro de la caja.
Luis XV se acercó sonriendo, y tocándole en el hombro, le preguntó:
—¿Qué diablos hacéis ahí?