JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Oh!, no, hija mÃa, no os separaréis de mÃ, ¿no es cierto? ¡No es posible!
—Mucho tiempo hace, padre mÃo, que estoy decidida, y Vuestra Majestad me ha autorizado para ello. Os ruego que no tratéis ahora de resistiros.
—Es cierto que he dado esa autorización; pero después de haberla mucho tiempo combatido: bien lo sabéis vos misma; y si la di, fue creyendo que os faltarÃa el ánimo en el momento de marchar. Por otra parte, no debéis sepultaros en un convento, es ya muy antigua esa costumbre: sólo se entra en un claustro o por algún sentimiento grande, o por falta de bienes de fortuna. La hija del rey de Francia no es pobre, que yo sepa, y si es desgraciada todos deben ignorarlo.
Iba elevándose la entonación y el pensamiento de Luis XV conforme adelantaba en su papel de rey y de padre que nunca está mal representado por el actor cuando el uno lo aconseja el orgullo, y el sentimiento impulsa al otro.
Luisa respondió cada vez más enternecida a pesar de ver la emoción del rey.
—Señor, no debilitéis mi alma expresándome vuestro afecto. Mi sentimiento no es vulgar; he aquà por qué mi decisión es extraña para las costumbres de nuestro siglo.