JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Imagínese qué agradable sorpresa debió producir a madame de Béarn la llegada de Chon, presentándose con el nombre de la señorita Flageot.
El joven conde se encontraba a la sazón en el ejército.
Muy pronto se cree lo que se desea; así es que la condesa se dejó fácilmente seducir por la narración de aquella joven.
Sin embargo, la condesa hubiese podido caer en sospecha, pues hacía ya veinte años que conocía a M. Flageot, y le había visitado doscientas veces en su casa, calle Petit-Lion-Saint-Sauveur, sin haberle conocido familia alguna.
Pero la vieja pleitista, lejos de pensar en hacer la menor observación, ni en recorrer su memoria, creyó cándidamente todo cuanto a la supuesta señorita Flageot se le antojó decir.
Además, era casada, y finalmente, para no dar ocasión al menor pensamiento de malicia, no venía expresamente a Verdún, pues iba a reunirse con su marido a Estrasburgo.