JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Al llegar frente a la casa, vio al portero hablando con un ujier, de quien al parecer recibÃa una orden. Entonces, por prudencia detúvose a una distancia respetable, suponiendo que si se acercaba interrumpirÃa a los interlocutores; mas el ujier se retiró al momento que la vio llegar en un coche de alquiler, y el portero, aproximándose enseguida al carruaje, preguntó el nombre de la solicitante.
—¡Oh! —respondió esta—, bien sé que no obtendré probablemente el honor de su excelencia.
—Eso no es obstáculo, señora —prosiguió el portero—, podéis hacerme el honor de decir vuestro nombre.
—La condesa de Béarn.
—Su excelencia está en casa —replicó el portero.
—¿Qué decÃs? —exclamó la vieja condesa de Béarn, llena de asombro.
—Que su excelencia está en casa —repitió este.
—¿Pero no recibe a esta hora, sin duda?
—A vos os recibirá, señora condesa.
Bajó esta del coche, pensando que era un sueño, y el portero, tirando de un cordón, dio dos campanadas. Enseguida apareció un ujier, y el portero hizo seña a la condesa que entrase.