JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Ayudóle su lacayo a encaramarse sobre el caballo, y con esa feliz ignorancia del peligro, propia de la infancia, el negrillo salió a escape sobre su gigantesca cabalgadura.
Cuando quedó solo el rey, preguntó al criado si había alguna novedad que ver en Luciennes.
El criado contestó:
—Ahí está M. Boucher pintando en el gran gabinete de la condesa.
—¡Ah! ¡Boucher! ¡El buen Boucher se encuentra aquí! —exclamó Luis XV con cierta satisfacción—; ¿dónde has dicho que está?
—En el gabinete del pabellón. ¿Quiere Su Majestad que le acompañe?
—No —contestó el rey—, prefiero ir a ver las carpas. Trae un cuchillo.
—¿Un cuchillo, señor?
—Sí, y un pan grande.
El lacayo obedeció, y trajo en una batea del Japón un pan grande, en el cual habíase clavado un cuchillo.
Indicó entonces Luis XV al lacayo que le acompañara, y se dirigió alegre hacia el estanque…
Había como tradición de familia, la costumbre de echar pan a las carpas. El gran rey no la olvidó un solo día.