JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Luis XV se sentó en un banco de césped, desde donde se admiraba un delicioso paisaje.
En primer término, se veía el estanque cercado de césped, luego la aldea entre dos colinas, una de las cuales, parecida a la alfombrada Roca de Virgilio, se eleva al Oeste, y sostiene las chozas techadas de paja, parecidas a una capa de juguetes cubiertos de helecho.
Allá, más lejos, distinguíanse las torrecillas de San Germán, sus gigantescas gradas, y las innumerables copas de los arbustos de su azotea, y más lejos aún, las laderas azuladas de Corneilles, y en el fondo, en fin, el cielo con tintas de color de rosa, rodeándolo todo como cúpula de metal brillante.
Era el tiempo tempestuoso, y el follaje se destacaba oscuro sobre las verdes praderas; el agua, inmóvil y lisa como una extensa superficie de aceite, a veces se agujereaba, cuando de su centro surgía algún pez refulgente y plateado, para coger la mosca de los estanques, que arrastraba veloz sus largas patas sobre el agua.
Marcábanse entonces en el agua círculos que se extendían progresivamente, surcando la superficie con negras y blancas vetas.