JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Vaya un carruaje para correr la posta!
Nuestros lectores, que felizmente no lo han visto pasar, nos perdonarán que lo describamos.
La caja principal (la llamamos de este modo porque la precedÃa una especie de birlocho) estaba pintada de un azul celeste, y ornada con una preciosa diadema de barón, sobre la cual aparecÃan las letras J y B enlazadas artÃsticamente.
En lugar de portezuelas tenÃa dos ventanas con cortinas de muselina blanca, a través de las cuales penetraba fácilmente en el interior suficiente claridad, y casi invisibles al profano vulgo por estar colocadas en la delantera del coche, dando vista al cabriolé.
Una rejilla permitÃa fácilmente hablar con el habitante de aquel cajón, y apoyarse al mismo tiempo sobre los cristales, encima de los cuales se hallaban colgadas las cortinas; lo que no hubiera podido verificarse sin aquella precaución.