JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico En efecto, el rey reconoció la letra, y temeroso de que tal vez se ocupasen en aquella carta de la aventura de La-Chaussée:
—Basta, basta —dijo, no queriendo verla—, quedo satisfecho.
La condesa estaba violentÃsima.
—¿Es para m� —preguntó.
—SÃ, hermana.
—¿Consiente Vuestra Majestad…?
—¿Por qué no?, leed. Chon me contará un cuento mientras tanto —repuso Luis XV, sentándola sobre sus rodillas y cantando con la voz más inarmónica de su reino, como decÃa Juan Jacobo:
Ya perdà a mi servidor
y con él perdà mi dicha…
La favorita se retiró al hueco de una ventana y leyó:
No aguardes a la pÃcara vieja, porque dice que no le es posible salir, pretextando haberse quemado anoche un pie. A Chon tienes que agradecer este contratiempo, por su oportuna visita de ayer: la maldita bruja la conoció, y por eso nos juega esta pasada.
Bien puede dar gracias a Dios ese pelafustán de Gilberto, que de todo es culpable; si no se hubiese perdido, ya le hubiera yo retorcido el pescuezo; pero que esté alerta, pues va a llevar una buena paliza si le encuentro.