JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Jamás creà tener el honor de presentarme al gran rey. ¡Ay de mÃ! Ya hace mucho tiempo que Versalles y sus esplendores han cesado de serme familiares; de suerte que estoy sin traje.
—Ya tenÃa yo prevista esa circunstancia, señora, y ayer, tan pronto como nos separamos, se principió un vestido de presentación para vos, cuidando de encargarle a otra modista distinta de la mÃa, para que tenga menos trabajo. Para mañana a medio dÃa, quedará terminado.
—Alhajas tampoco tengo.
—Mañana os entregarán los señores Boemer y Bossange, por orden mÃa, un aderezo de doscientas diez mil libras, que recibirán pasado mañana por doscientas mil. De esta suerte, vuestra indemnización quedará satisfecha.
—Muy bien, señora; nada más deseo.
—Yo me alegro mucho.
—¿Y el despacho de mi hijo?
—Os lo entregará el mismo rey en persona.
—¿Y la promesa de los gastos para la organización del regimiento?
—Se incluirán en el despacho.
—Muy bien. Sólo nos resta tratar ahora de mis viñas.
—¿Y cuánto creéis que valen esas cuatro fanegas, señora?