JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —En seis mil libras cada una. Son tierras sobresalientes.
—Firmaré una obligación de doce mil libras, que con las doce mil que ya habéis recibido, forman exactamente las veinticuatro mil.
—Ahà tenéis recado de escribir, señora —dijo la vieja indicando con el dedo.
—Yo misma tendré el honor de llevároslo —repuso la Du Barry.
—¿A m�
—SÃ.
—¿Con qué objeto?
—Con el de que os dignéis escribir a Su Majestad la carta que voy a tener el honor de dictaros. Toma y daca.
—Es justo.
—Pues escribid, si lo creéis conveniente.
La vieja aproximó a la mesa un sillón, preparó el papel, y tomó la pluma, y esperó.
La favorita dictó lo siguiente:
«Señor: El placer que experimento al ver aceptada por Vuestra Majestad la oferta que he hecho de ser madrina de mi querida amiga la condesa Du Barry…».
Los labios de la vieja se contrajeron nerviosamente y apretó sobre el papel la pluma, hasta ser imposible escribir.