JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Cuando observamos este grupo, madame Adelaida referÃa la historia de cierto obispo encerrado en la penitenciarÃa de la diócesis. Nos abstendremos de repetir todas las circunstancias de esta narración, que era en extremo escandalosa, y en particular en boca de una princesa real; pero la época que pretendemos describir, no estaba, como es sabido, bajo la advocación de la diosa Vesta.
—Pues sin embargo, señores —dijo Victoria—, ese obispo estuvo aquà apenas hace un mes.
—En el palacio de Su Majestad estarÃamos expuestos a peor encuentro —repuso madame de Grammont—, si se admitiese a los que pretenden entrar aunque nunca han entrado aquÃ.
Todos comprendieron por el tono con que fueron pronunciadas aquellas palabras, a quién aludÃa, y sobre qué terreno iba a plantearse la conversación.
—Afortunadamente hay gran diferencia de querer a poder, ¿no es cierto, duquesa? —dijo, mezclándose en la conversación un personaje de pequeña estatura, que aunque habÃa cumplido setenta y cuatro años, representaba escasamente cincuenta, si se atiende a su elegante talle, viveza de sus ojos, blanco cutis y hermosa mano.
—¡Bueno! —dijo la duquesa—, aquà tenemos a M. de Richelieu lanzándose a la escala como en Mahón, y tomando nuestra pobre conversación por asalto. Nunca dejará de brillar en vos algo de talento militar.