JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Cuál es su nombre?
—Aguardad, aguardad que recuerde… ¡Ah!, sÃ… el conde de Fénix.
—¡Él es! —murmuró madame Du Barry—, ¡él es, con seguridad!
El rey aguardó algunos instantes por si madame Du Barry tenÃa que dirigirle alguna otra pregunta; pero viendo que guardaba silencio:
—Señoras —dijo en voz alta—, mañana llegará la princesa a Compiègne y será recibida a las doce en punto. Vendrán todas las damas presentadas, exceptuando, no obstante, las que están indispuestas, porque es incómodo el viaje, y Su Alteza Real sentirÃa que por su causa se agravasen las enfermedades.
Pronunció el rey este discurso mirando con severidad a M. de Choiseul, M. de Guemenée y M. de Richelieu.
Sucedió un silencio expresivo.
Los concurrentes comprendieron fácilmente que las personas que habÃa nombrado el rey habÃan caÃdo de su gracia.
La Du Barry, que permanecÃa junto a Luis XV, le dijo entonces:
—Os ruego perdonéis a la condesa de Egmont.
—¿Y por qué?
—Es hija del duque de Richelieu, que es el amigo más fiel que tengo.
—¿Richelieu?