JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico La campana de señal sonó enseguida, a cuya seña contestó un cañonazo disparado en la plaza del castillo.
En el acto, y como si sólo esperase aquel aviso, entró Luis XV en una carroza de ocho caballos, en medio de dos filas de tropa tendidas en la carrera, y seguido de la inmensa multitud de los coches de su corte.
Cien coches de cuatro caballos, que casi ocupaban el espacio de una legua, escoltados por los cazadores, batidores y pajes, conducían cuatrocientas damas y otros tantos señores de la más linajuda nobleza del reino, e iban seguidos de los gentileshombres de la casa real, jinetes en arrogantes caballos, que formaban un ejército brillante, entre el polvo movido por aquella elegante y numerosa comitiva. Detuviéronse algunos instantes en Compiègne, saliendo luego de la ciudad para llegar al límite convenido, que era una cruz colocada en el camino frente a Magny.
Casi toda la juventud rodeaba al duque de Berry, mientras la antigua nobleza acompañaba al rey.
La princesa, que no había cambiado de carruaje, avanzó calculando su marcha hacia el sitio convenido.
Reuniéronse las dos comitivas y quedaron desocupadas todas las carrozas, menos las que ocupaban el rey y la princesa.