JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico María Antonieta saltó a tierra, dirigiéndose acto seguido al carruaje real; empero Luis XV no bien divisó a su nuera, cuando bajó apresuradamente del suyo. Midió sus pasos la joven princesa, y en el momento en que el rey pisó el suelo, ella se prosternaba en su presencia.
Luis XV se inclinó para levantarla y la abrazó cariñosamente, clavando en ella al mismo tiempo una mirada que la hizo ruborizarse a su pesar.
El rey, presentando a Luis Augusto, lo hizo con las palabras de costumbre. Encontrábase este de pie detrás de ella sin que oficialmente, al menos, le hubiese aún visto.
La princesa hizo una graciosa reverencia, a la cual contestó el duque sonrojándose. Enseguida aproximáronse las tres princesas acompañadas de sus tres hermanos, y María Antonieta los recibió atenta y afectuosamente.
A medida que avanzaban las presentaciones, mayor era la ansiedad de madame Du Barry, que estaba de pie tras las princesas. ¿Se haría mención de ella?… ¿Se la olvidaría?…
Tan pronto como terminó el rey la presentación de madame Sofía, la menor de sus hijas, hubo una breve pausa, durante la cual todas las respiraciones permanecieron suspensas.