JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico De puntillas acercóse el joven a la puerta para cerciorarse de que se alejaban los pasos, y corrió al punto a la ventana que caía sobre unas terrazas cubiertas de arena y rodeadas de árboles.
Entonces, desgarrando el ropón en tres tiras que unió entre sí, colocó sobre la mesa el sombrero y la bolsa, y escribió:
Señora:
El primer bien de todos es la libertad: el más sagrado de los deberes del hombre, es conservarla. Me violentáis, y me emancipo.
Gilberto
Dobló la carta, escribió el sobre para la señorita Chon, ató los doce pies de sarga a los barrotes de la ventana, por entre los cuales se deslizó como una culebra y saltó al terrado con riesgo de su vida, después que llegó al cabo de la cuerda. Quedó aturdido del golpe, y sin embargo, corrió hacia un árbol por entre cuyas ramas se escurrió hasta la tierra y se alejó a escape con dirección a los bosques de Ville-d’Avray.
Entraron a buscarle cuando se encontraba ya fuera de alcance.