JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Únicamente a trabajar, y aún asà tendréis derecho a ser joven, feliz, libre, y aun a estar ocioso, siempre que dispongáis de tiempo para ello —dijo el desconocido sonriendo casi a su pesar. Y afeando al cielo sus ojos, exclamó mientras suspiraba—: ¡Oh juventud! ¡Oh vigor! ¡Oh libertad!
Melancólica e indefinible expresión se reflejó a estas palabras en sus delicadas y puras facciones, y levantándose apenas las hubo pronunciado, agregó más jovialmente apoyándose en su báculo.
—Vamos, ya que estáis colocado, ¿queréis que llenemos otra caja de plantas? Aquà traigo papel de estraza en que colocaremos por orden la primera recolección. Pero ahora que recuerdo: ¿tenéis todavÃa hambre?; aquà hay pan.
—Guardémosle para esta tarde, si os parece…
—Siquiera comed las cerezas; pues nos estorbarÃan.
—Si lo deseáis, enhorabuena; pero permitidme os lleve la caja, y asà iréis más cómodo; pues como estoy acostumbrado a andar, temo que os fatigue mi paso.