JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Esperad, esperad; vuestro encuentro ha sido de buen agüero: creo ver allá abajo el vicris hieracioides que desde esta mañana he buscado en vano; y ahà a vuestros pies, ¡cuidado!, el cerastium acuaticum. ¡Cuidado, cuidado…!, ¡no arranquéis! Aún no sois herborista, amiguito. La primera está en extremo húmeda ahora; la otra no ha crecido aún lo suficiente. Esta misma tarde, cuando volvamos a las tres, cogeremos el vicris hieracioides; el cerastium no le arrancaremos hasta después de ocho dÃas. Además que deseo enseñársele en su terreno a un sabio amigo mÃo, cuya protección pienso solicitar en favor vuestro. Ahora me conduciréis al sitio de que hablabais, donde crecen tan hermosos capilares.
Gilberto empezó a andar seguido del anciano, desapareciendo los dos en la selva.