JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Es lástima que no pueda ganar yo mis seis sueldos buscando plantas con vos todo el dÃa! Os juro que no descansarÃa un solo momento, y aun no necesitarÃa seis sueldos: un pedazo de pan como el que tenÃais esta mañana, bastarÃa para mi apetito de todo el dÃa. Acabo de beber agua en un manantial tan bueno como los de Taverney, y la noche pasada he dormido tan cómodo al pie de un árbol, como lo hubiera hecho bajo los ricos techos de un hermoso palacio.
—Amigo mÃo —respondió sonriendo el desconocido—, llegará el invierno, las plantas se secarán, se helará la fuente, el viento del Norte silbará entre las ramas despojadas, en lugar de esta dulce brisa que ahora agita tan blandamente sus hojas. Necesitaréis indispensablemente un abrigo, vestidos, fuego, que no podréis proporcionaros con los seis sueldos diarios.
Gilberto suspiró tristemente, y continuó buscando sus plantas y haciendo nuevas preguntas.
Asà recorrieron gran parte del dÃa los bosques de Aulnay, Plessis-Piquet y Clamart-sous-Meudon.
Gilberto habÃa ya trabado familiaridad con su compañero, quien por su parte le observaba con admirable destreza; sin embargo, Gilberto, desconfiado, circunspecto y tÃmido, se descubrÃa lo menos posible.