JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Pero dónde me hallo? —murmuró—. ¡PrÃncipes y Altezas en casa de M. Jacobo! ¡El duque de Chartres, el prÃncipe de Conti en casa de un copiante!
Acercóse a la puerta para oÃr.
HabÃanse ya hecho el prÃncipe y Jacobo las primeras salutaciones, y hablaba el primero.
—Deseo que vengáis conmigo.
—¿Para qué, prÃncipe? —preguntaba Jacobo.
—Para presentaros a la princesa. Entramos en una nueva era para la filosofÃa, mi querido filósofo.
—Muchas gracias, monseñor; pero no puedo acompañaros.
—Sin embargo, hace seis años que no pusisteis inconvenientes para acompañar a madame de Pompadour a Fontainebleau.
—Entonces contaba yo seis años menos, hoy mis achaques me tienen clavado en un sillón.
—Y vuestra misantropÃa.
—Aun siendo asÃ, monseñor, no es el mundo cosa tan curiosa, que merezca que nos molestemos por él.
—Ea; me conformo con que no vayáis a San Dionisio ni al gran ceremonial; pero habréis de venir conmigo a la Muette, donde pernoctará Su Alteza Real pasado mañana.
—¿Conque pasado mañana llega a San Dionisio?