JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Admiró como filósofo la fuerza de la voluntad humana que puede tener encorvado doce horas consecutivas sobre una mesa a un joven de dieciocho años, de cuerpo flexible y elástico, de temperamento apasionado, pues Jacobo habÃa conocido fácilmente, que una fervorosa pasión inflamaba el corazón de su joven huésped, aunque ignoraba aún si era la ambición o el amor.
Gilberto agitó en la mano el dinero que habÃa recibido, esto es, veinticuatro sueldos en una moneda de plata y otro en cobre; guardó el último en su bolsillo, tal vez con los que le quedaban de la vÃspera, y estrechando con gran satisfacción la pieza de plata en la mano derecha, dijo:
—Señor Rousseau, debo llamaros mi amo, puesto que encontré trabajo en vuestra casa, y me dais alojamiento gratis. Creo, por lo tanto, que formarÃais mal concepto de mÃ, si no os diese cuenta de mis acciones.
—¿Y qué tratáis de hacer? —preguntó asombrado Juan Jacobo—, ¿no pensáis trabajar mañana?
—No, señor, con vuestro permiso quisiera disponer del dÃa.
—¿Con qué objeto? —repuso Rousseau—, ¿con el de pasearos?
—DesearÃa ir a San Dionisio —contestó el joven.
—¿A San Dionisio?